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Página nueva

Era de noche cuando llegamos al departamento en dónde vivía mi hermano César con su familia en la Ciudad de México. María y yo habíamos salido alrededor del mediodía del puerto de Veracruz en dónde estábamos viviendo desde hacía pocos meses. Hacía apenas un par de fines de semana antes, mi hermano César había pasado a visitarnos en Veracruzde y ahora era mi turno de visitarlo. Pero sería muy diferente a cómo lo hubiera deseado. Al llegar a su departamento, nos recibió su esposa y nos sentamos en la cocina para abordar el problema. Unos días atrás, saliendo de un desayuno, habían detenido a mi hermano por el delito de “Abuso de confianza” y por ser un delito de fuero federal y que se persigue de oficio, no tenía derecho a fianza. Esto quiere decir que todo el proceso de defensa, se tenía que llevar a cabo, con él desde el reclusorio. Ésta había sido una de las peores noticias que había recibido en mi vida, y ya para este entonces llevaba varias malas noticias, pero ésta era sin duda era una de las peores. Sentados tomando algo apenas desempacamos, repasábamos la historia de su aprehensión, de la demanda que estaba abierta, de innumerables escenarios hipotéticos y pasos legales que se podían tomar para sacarlo rápido de allí y en general, terminar de entender la nueva situación a la que nos enfrentábamos, se nos pasaron las horas y nos fuimos a dormir ya bien entrada la noche. Al día siguiente yo iba ir a verlo al Reclusorio Norte de la Ciudad de México o cómo de cariño le apodaban “Reno”. Tenía una lista de cosas que iba a llevarle entre otras algo de dinero, comida y calzones. Segúna las instruccioes dadas, entrar a visitarlo no era una cuetión tan fácil y requería de un día entero para que valiera la pena, así que había que madrugar. Salí pasadas las 6 de la mañana de su departamento en el occidente de la Ciudad y me llevó poco más de 40 minutos llegar hasta el reclusorio a esa hora de la mañana de un día Sábado. Ya había repasado en mi cabeza en dónde estacionarme y en que puerta estaba la de los visitantes. Una vez allí, viendo la entrada principal de visitas de frente, el estacionamiento se encontraba de lado derecho. Era un terreno algo amplio bien demarcado. Tenía bastantes lugares disponibles y pude estacionarme sin mayor complicación. Me llamó la atención que afuera del reclusorio, por toda la calle de Jamie Nuno y cuadras aledañas, había infinidad de puestos y tiendas que vendían de todo; comida, cigarros, tarjetas SIM para teléfonos móviles, había un puesto que me llamó la atención pues “rentaba” ropa e incluso había puestos de servicio de guardarropa. No se si ha habido cambios desde la primera vez que fuí, pero en ese entonces, los visitantes no podíamos entrar si vestíamos ropa de color oscuro (negro o azul marino) ni ropa de color beige o blanca. Esto es porque los custodios llevan uniforme negro y los internos visten ropa beige con camiseta blanca. Así que el servicio de “renta” de ropa y consecuente gurdarropa era un buen negocio en los alrededores de Reno. 

El ingreso es todo un proceso, después de la espera en el patio del frente de la puerta, empezaban a dejar entrar gente por número de ficha que previamente debíamos de haber tomado inmediatamente al llegar. Esto quiere decir que si la puerta de visitas se abría a las 9am, la espera entre que toma uno la ficha e ingresa es de mas o menos, un par de horas. Una vez empieza uno a entrar, los visitantes son divididos según su género. Las mujeres pasaban por el lado derecho y los hombres nos dirigiamos al izquierdo. Se registra uno y pasa una revisión completa. Es decir, se tenía uno que meter en una cabina, quitar toda la ropa excepto los calzones y esperar a que uno de los custodios pasara a revisarlo. Generalmente con la mirada bastaba y te pedía que te volvieras a vestir y continuar el proceso. Se me asoma entre los recuerdos algo que nos daban, no recuerdo bien si era una moneda o algo similar de madera con un número que debiamos de entregar a los guardas una vez que se pasa por el tunel. El tunel conectaba la zona de ingreso con los dormitorios y como su nombre lo indica, es subterráneo y creo que es el lugar en dónde te drena toda la energía y buena vibra que uno pueda llevar consigo. Los recuerdos que me llegan de una pared larguísima de concreto mal pintado, luces de neón blanco que no todas encendían bien y algunas intermitentes y la luz del sol no se asomaba a esa profundidad, daban una sensación de malestar. El olor a humedad y frío me llena el olfato. La entrada y salida del tunel tenia escaleras de concreto con un torniquete de metal en ambos lados. El piñoneo del giro metálico de dicho torniquete, el sonido de los pasos sutiles y deprimentes que se convertían en una marcha de zombies aúnado a las caras que teníamos y la energía que se drenaba como de una desesperanza grupal se iba acumulando y lo hacían el perfecto cuadro de la entrada a Xibalbá. Una vez al final del tunel, se ve la escalera subiendo y la luz del sol nuevamente. Justo aquí es en dónde recuerdo que pasaba algo con la moneda de madera porque los guardas apostados en el túnel, interactuaban con nosotros los visitantes y segúna recuerdo, les dabamos nuestra identificación oficial a cambio de algo que también deberíamos de traer con nosotros si pretendíamos salir de aquel lugar. A la salida del túnel había tres caminos que uno podía tomar: a la derecha, derecho o a la izquierda. Según mi memoria a la derecha era para visitas conyugales, el pasillo que seguía de frente era para la “plaza” principal en dponde la mayoría de la visitas sucede. El pasillo de la izquierda llevaba al domitorio 10 Pueblo.

El dormitorio 10 Pueblo es posiblemente, uno de los lugares más deprimentes que vi en mi vida y eso que he viajado y conocido el mundo. En primera, el terreno está perimetralmente bardeado con concreto chorreado a una altura que estimo de 8 metros, rematado en la altura con alambre de púas. Por lo menos en una de las esquinas recuerdo haber visto una torre de vigilancia. Lo primero que pensé es que eso era una cárcel dentro de la cárcel. Para entrar había que pasar por otro torniquete y una puerta de entrada vigilada. Una vez dentro, del lado derecho estaba el dormitorio que no era más que un rectángulo de concreto con celdas o cuartos. Visto de frente creo que tenía dos escaleras, una a cada lado del edificio y era de cuatro pisos. Noquise ver mucho tiempo, pero las celdas de la planta baja estaban atiborradas de internos y el olor era fuerte. Subimos las escaleras hasta las celdas de arriba que en una de ellas, era la de mi hermano. La parte del patio era lo más bonito porque tenía plantas y árboles bien cuidados y una cancha de basquetball y se veían también algo de pesas y equipo de ejercicio improvisado.