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Era el verano de 1998 cuando me mudé a vivir a Costa Rica. En ese momento no sabía qué iba a ser de mi vida; no tenía ningún plan, no sabía que quería hacer, pero algo que tiene Costa Rica es precisamente eso: es pura vida y si te dejas llevar, Costa Rica te va a proveer. Justo había terminado lo equivalente al Colegio o Preparatoria y tenía que decidirme por una carrera para estudiar la Universidad. De una cosa si estaba seguro y era que yo acabaría una carrera universitaria. Durante mi estancia en los Estados Unidos, había aplicado a algunas universidades y a esas pocas a las que apliqué, puedo decir con orgullo, que me aceptaron, incluídas UT y Northwestern University. Pero una cosa era que me aceptaran y otra era cómo pagarlas, pues no pude acceder al plan de becas. Así que me vi forzado a cambiar de plan. Para éste momento, mi hermano mayor tenía lo que parecía una vida muy estable y acomodada en Costa Rica. Era dueño de varias empresas: La más importante y sobre la que giraban las decisiones era una importadora y comercializadora. Se llamaba Hogarama y su posición en el mercado era brutal, tenía la distribución exclusiva de Sony en ese territorio, otra era una financiera y se tenía la visión de que fungiera cómo el vehículo otorgador de créditos para empujar las ventas de electrodomésticos con microcréditos y para cerrar con broche de oro, un restaurante mexicano. Con esta estructura mi hermano estaba buscando forjar un destino para todos nosotros así que de nueva cuenta me acogió en su casa y me facilitó de todos los recursos para que yo pudiera tomar una buena decisión sobre mi futuro. Ese verano del 98 lo disfrute bastante porque después de mi estadía de dos años en la militar de Estados Unidos, extrañaba a mis hermanos y en ese veranos, todos vivía en Costa Rica, mie hermana estaba embarazada y pudimos disfrutarnos como familia. Con relación a mi futuro, visité las cuatro universidades más reconocidas de San José de la época: la UCR, la ULACIT, La Universidad Latina y la UIA. Pude entrevistarme con diferentes directores de carrera de las diferentes universidades, revisar a consciencia los planes de estudio de diferentes carreras pero todavía no tenía muy claro que carrera estudiar; no me inclinaba ni por la ingeniería industrial ni tampoco administración ni economía. Todas me parecían que ofrecían bueno curriculums en ciertas cosas pero ninguna hasta ese momento era la que yo me veía ejerciendo. Sin embargo, la buena suerte me sonrió y me puso enfrente a una mujer llamada Doris y era la directora de carrera de Comercio y Finanzas Internacionales de la UIA (Universidad Internacional de las Américas). En cuánto nos sentamos a platicar, tuvimos química. Revisamos el plan de estudios y hubo varias materias que yo creí que no eran de valor para mi, cómo las de Inglés, pues yo venía de haber vivido en los Estados Unidos y ya tenía un muy buen nivel de Inglés, otra materia de “ventas” y un par más. Durante el diálogo salió la idea de meter materias de otras carreras a lo que ella accedió pero que me pidió que me pusiera de acuerdo con los directores de las otras carreras. Así que durante los siguientes días había solicitado reuniones con los otros dos directores de carrera: Ingenieria Industrial e Ingeniería de Sistemas y pude ajustar el plan de estudios con 5 materias de éstas dos ingenierias. Una vez concluído ese trámite, venía la parte de formalizar la inscripción y pagar lo que en Costa Rica le dicen “La matrícula”, que es la inscripción y la subsecuente colegiatura. Durante el ir y venir con los formularios y mi expediente entre el departamento de registro, caja y la dirección de carrera, tuve otra vez la gran suerte y el apoyo de Doris y sin yo haberlo solicitado, me ofreció una beca del 50% si mantenía un promedio por arriba de 85% y todavía una letra de cambio para pagarme mis estudios. Es decir, yo me matriculaba con lo que pudiera pagar y antes de presentar los exámenes finales, debía de haber pagado el cuatrimestre completo. Un muy buen negocio para mi, así que me matriculé y empecé mis estudios universitarios en el Barrio Escalante de San José.

El vivir con mi hermano tenía grandes ventajas, pero esto no quería decir que las cosas eran gratis, así que él mismo me ofreció trabajo en la distribución de Sony. Cosa que disfruté bastante. Empecé en la bodega recibiendo la mercancía o “mercaderías” cómo se dice en Costa Rica. Me tocó el proceso de “desalmacenaje” de contenedores llenos de Televisroes que teniamos que poner en tienda en pocas horas pues la venta de éstos, se había disparado en la últimas horas gracias al Mundial de Fútbol de Francia 1998. Eso me permitió conocer los modelos de los diferentes aparatos electronicos y el proceso de importación, cosa que vería en mi carrera un poco más adelante. Después estuve en tienda en dónde aprendí a instalar los televisores con equipos de audio y DVD’s en las pequeñas salas de exhibición y también estuve haciendo auditorías en las cajas de las tiendas. Así entendí en pocos meses, como estructurar precios y márgenes y poco a poco cómo operar una distribución. Me faltaba conocer más el canal mayorista pero eso sería después. Era un poco difícil al principio porque acostumbrarse a trabajar y estudiar por las noches no era tan fácil pero una cosa que ayudaba mucho es que así era para la mayoría de mis compañeros y de los universitarios en Costa Rica. Al final uno se acostumbra a las cosas y el primer cuatrimestre se fue volando. Yo había llegado en Junio, inmediatamente me puse a trabajar, para finales de Julio ya estaba matriculado y con casi dos meses trabajando. En Agosto empecé clases y para Diciembre ya había concluído el primer cuatrimestre. Rápidamente hice amigos en la universidad, me ganaba algo de dinero, no pagaba renta, tenía carro y salía de fiesta bastante seguido, parecía que mi vida no podía ir mejor. 

Pero algunas veces parece que al destino no le gustan ciertos caminos por los que uno se mete y se encarga de corregirnos el rumbo y el destino que mi hermano había buscado forjarse para si y para nosotros, cambió. Habíamos arrancado el año nuevo de 1999 todos en familia en Miami. El año había empezado normal y no tenía ni idea de lo largo y duro que iba a ser ese año y algunos posteriores. No recuerdo muy bien el día exacto, calculo que fue un 8 ó 9 de Marzo cuando mi hermano me despertó muy temprano en la mañanan. Eran alrededor de las 4am. Me dijo, vístete y llévame al aeropuerto por favor. Te explico en el carro. Era normal llevarlo al aeropuerto a esas horas, pues era el vuelo regular de United Airlines directo de San José a Ciudad de México que salía poco después de las 6am. Aparte, su familia ya estaba en México así que eso no tenía nada de raro, lo raro fué que no me había dicho nada sobre éste viaje. Camino al aeropuerto me explica una situación legal que en ese momento no entiendo del todo pero me dice que parece que van a intervenir la financiera. Me dice que me va a dejar un poder general para representarlo, que su abogado le recomendó salir del país y que ese mismo día yo me fuera a ver a su abogado, que tendríamos una conferencia por teléfono para alcarar las cosas y revisar las opciones. Tampoco sabia cuando iba a regresar, me dejaba su chequera y que me encargara de todas las cosas. Sea lo que fuera que eso significara.

En éste momento, aparte de las docenas de empleados que trabajaban para alguna de las empresas de mi hermano y dependían en mayor o menor medida de él para sobrevivir, también todos nostros, pues mi cuñado Felipe (esposo de mi hermana), mi hermano Alejandro, su esposa y yo estábamos trabajando también para alguna de las empresas. Esa tarde, me reuní con el abogado como me instruyó mi hermano. Me acompañó mi hermano Alejandro y dejamos listo el poder notarial. También intentamos recabar más información para valorar mejor la situación de las empresas. Nos reunimos con el Gerente General de la financiera, con mi cuñado quien era el Gerente Comercial de la distribuidora y el Gerente Financiero y fueron unos días intensos. Para el viernes 12 de Marzo, el Gerente General de la financiera renunció y esto aumentó la tensión y sobretodo creció la incertidumbre. No teníamos claro el problema, ni la gravedad ni mucho menos los posibles escenarios a los que nos enfrentábamos. Era cómo cuando antes de un Tsunami, se retira el mar decenas incluso cientos de metros y no sabíamos la magnitud de la ola que se había formado ni el tamaño de Tsunami que nos enfrentariamos y que cambiaría el destino de todos nosotros y muchas personas más. Pero hay cosas inevitables y ésta era una de ellas. Así un 17 de marzo de 1999 a las 10:40am se presentaron unos oficiales de la Superintendencia General de Entidades Financieras (SUGEF) de Costa Rica y empezaron a acordonar alrededor de las oficinas. Todos los empleados empezamos a salir de las oficinas para ver quienes estaban llegando y qué estaban haciendo. Nos pidieron que saliéramos al patio todos y que no podiamos sacar nada ni mover nada hasta que ellos nos dieran indicaciones. Nos explicaron lo que estaba pasando y en ése momento estábamos mi cuñado Felipe, mi hermano Alejandro y yo para representar a mi hermano César y a todas las empresas del grupo. Digo, al final el que firmaba era yo, pero no iba a hacerlo sólo. Los empleados que pertenecíamos a Hogarama (la distribuidora), pudimos regresar a la normalidad pues esa empresa no estaba intervenida, pero la financiera estaba bajo custodia y escrutinio de la SUGEF. Recuerdo que ese día, poco después de la intervación, me crucé la calle para llamar a mi hermano de un teléfono público y recibir instrucciones sobre los siguientes pasos.

La noticia salió en el periódico La Nación al día siguiente y de inmediato hubo un par de cámaras afuera de las oficinas. La prensa siempre hambrienta de información, se entrevistó con el abogado, pedían declaraciones de nosotros, de los empleados, incluso algún reportero más curioso estaba esperándome afuera de mi casa para tomar fotos y preguntar algo. Llegaron hasta el restaurante en busca de información. Y así repentinamente, a partir de ese momento, una vez más, la vida cómo la conocía, cambió. 

Así fue como la incertidumbre vino a saludar y fue mi huésped durate un buen tiempo. Se convirtió en parte de mi vida. Me despertaba en la mañanas con ella, iba a clases con ella y hasta dormía con ella. Cada día era una batalla y se abrían nuevos frentes. Nos cayeron acreedores por todos lados y todos intentando cobrar de una u otra forma lo que pudieran. Alguno incluso me llamó por teléfono para amenazarme. Nuestro abogado nos traicionó, se puso del lado de una de las empresas demandantes y hubo momentos en los que pensamos que nos iban a demandar a todos y que no saldríamos muy bien librados de esa situación. Muchos amigos se fueron, muchos otros nos negaron o ignoraron, pero también nos cruzamos con grandes personas en la vida y uno de ellos que llegó a la mía se llama Jorge. A Jorge nos lo presentó otra gran persona que se llama Juan. Juan no era amigo de mi hermano, se conocían sin haber tenido lazos de amistad, pero por alguna razón, nos contactamos con él mi hermano Alejandro y yo y nos presentó a su amigo Jorge. Jorge era un abogado comercial que nos podría ayudar a llevar la situación que teníamos enfrente. Nos reunimos con Jorge y empezamos a reunirnos con él regularmente. Arrancamos éste proceso sin pagarle nada pues no teniamos mucho que ofrecer hasta que pudiéramos resolver la situación. Empezamos por generar un diálogo con los demandantes y ver cómo solucionábamos la situación. Por un lado nos enfrentábamos a una ola de acreedores a los que se les debía dinero, casi todos bancos o entidades financieras. Por otro, teniamos ciertos activos con los que podíamos negociar. Así que con ayuda de Juan y coordinados por Jorge, mi hermano Alejandro y yo hicimos una junta de acreedores y nos sentamos con todos en la misma mesa con todo abierto para ir cerrando frentes. Ese día aprendí algo valioso para mi vida. Aprendí que uno no negocia con empresas, uno negocia con personas. Que todos los que estaban sentados allí en ése lugar, eran personas con motivos muy diferentes pero por algo estaban allí. También pude ver cierta bondad y buena voluntad de la gente, al menos de la mayoría, pues lo que los había llevado allí, era el querer solucionar y encontrar un arreglo. Ellos estaban negociando, si, por el dinero de sus empresas, pero creo que cuando vieron que estábamos abiertos a pagar incluso con activos familiares, la dinámica cambió. Todos excepto uno, aceptaron lo que ofrecimos, así fuera por menos de lo que en teoría se les debía, todos aceptaron. Nos tomaron los locales comerciales con valores poco más altos del valor comercial, inventarios a precio de lista y no de costo, carteras de cobro, los autos de mi hermano, la casa de mi hermano, buscamos siempre pagar hasta el último centavo. Cuando entregué la casa, recuerdo que la entregaría un lunes. El sábado me la pasé aspirando y limpiando la piscina. Después de haber terminado, abrí una cerveza helada y me metí sólo en la noche y disfrute de la soledad y tranquilidad aunque fuera por un breve momento mirando las estrellas del cielo costarricense. Al entregar la casa, me mudé con mi hermana, pero también fue por poco tiempo porque mi cuñado se quedó sin empleo obviamente y tuvo que buscarse la vida y la vida lo llevó a la ciudad de Pachuca, de regreso a México. Nuevamente me mudé, con el único hermano que quedaba en territorio tico y ése era Alejandro. También fué breve mi estadía con él. Una mañana no recuerdo el día de la semana, escuché el timbre de la casa en donde vivíamos. Bajé a abrir la puerta y dos personas me preguntaron por Alejandro. Lo llamé y bajaron él y su esposa. Los vi platicando detrás de la puerta de entrada y a los pocos minutos entraron en la casa, sacaron algunas cosas y me dijeron que ahorita me llamaban que iban a ir a la oficina de migración. Por la tarde cuando regresaron, venían con la orden de deportación. Inmediatamente fuimos a ver a nuestro abogado a ver qué opciones había y la verdad es que no había muchas opciones. Pasó que algunos de los empleados se amotinaron y nos mandaron a migración. A mi no me pudieron hacer nada porque era estudiante pero a ellos los terminaron deportando así que al final me quedé sólo terminando de afrontar la situación a mis 21 años de edad. 

Para éste entonces en realidad, ya no estaba sólo. Había conocido a una gran mujer que estuvo a mi lado (ahora es mi esposa), contaba con pocos pero grandes amigos y Jorge. Que al final terminó siendo un amigo, un familiar y hasta un ángel de la guarda. Al terminar el proceso de pago, nos quedamos sin activos, con todas las empresas liquidadas y sin empleados y el proceso legal continuaría pero con Hogarama y el restaurante liquidados, quedaba esperar el dictamen del curador de la SUGEF y el pleito legal que se había derivado entre la única empresa acreedora que no quiso arreglar y mi hermano, pero éste se estaba llevando a cabo en Mexico y no en Costa Rica. Yo me encontraba sin trabajo, sin visa de trabajo y sin dinero. No sabía cómo iba a pagar mi siguiente letra de cambio de la Universidad que estaba próxima a vencer, la próxima renta o la gasolina de mi carro, pero… en Costa Rica todo es pura vida, tenía salud y optimismo. La suerte volvió a hacer de las suyas una noche. Estaba en clases de Medios de Pago Internacionales y al acabar la clase el profesor se me acercó y me preguntó si me interesaba trabajar para su empresa. En ése momento Mauricio (así se llama) era el gerente general para Centroamérica de una empresa de transportes de carga mexicana y sus oficinas estaban en San José, a pocos minutos en carro de mi departamento. Yo me sabía mover en la calle, tenía carro, tenía licencia de conducir y era mexicano, supongo que esos fueron los requisitos que se debían cumplir y seguro me vió como una buena adición a su plantilla laboral, y sin entrevista ni proceso de formalización ni nada, me ofreció el puesto de Gerente de Ventas. Yo no podía creer mi buena suerte. Al siguiente lunes me presenté en las oficinas, me presentaron al equipo de trabajo. Me dieron una oficina, computadora y el salario no era precisamente el mejor pero aparte del sueldo, me cubrían el combustible, el teléfono móvil y el plan de comisiones era bueno. Así que di lo mejor de mi mientras estuve en esa empresa. No duré mucho porque otro conocido me terminó ofreciendo otro trabajo con mejor proyección pero los 6 meses que estuve allí, me sirvieron para pulir ciertos dotes de vendedor, cerrar algunas buenas cuentas que me generaron buenas comisiones y me daba tiempo perfecto para seguir estudiando.

No creo que exista una cosa llamada destino, en el sentido de que sin importar las decisiones que uno tome, la vida de uno ya está predefinida. Sin embargo, hay veces que se deja ver, se asoma a tu vida y te dice que allí está. Que precisamente por las decisiones que uno va tomando o deja de tomar, algo interviene y se encarga de corregirnos el rumbo y en una breve etapa de mi vida, antes de haber incursionado en lecciones intensivas de manejo de acreedores, mi vida se había vuelto muy material. Estaba dando más valor a lo material y creo que ese aprendizaje lo adquirí en ésta lección y tuve la suerte de que así fuera. A lo mejor valdría la pena preguntarle a cada uno de mis hermanos que lecciones aprendieron de éste episodio de nuestras vidas.