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Mi segundo cumpleaños

Empezó el segundo grado de Secundaria. Iba a ser un grupo grande pues se unificaban los dos grupos de primero de secundaria en uno solo. Más materias y profesores nuevos se presentaban durante los primeros días. Yo iba muy entusiasmado con mochila nueva que me había comprado durante el verano con mi abuela, útiles nuevos, viejos amigos y un gran optimismo llenaron la casa. Mi mamá abordó el tema del vaticinio fatal de nueva cuenta y me dijo que parecía que ya había pasado el ciclo y que ella estaba más tranquila. Éstas eran realmente excelentes noticias y yo no cabía de la felicidad de escuchar esto, seguramente le respondí algo así como que ya sabía que no iba a pasar nada. Pocos días pasaron cuando mi madre me dijo que iríamos a la ciudad de México a visitar a mi hermana quién ya estaba casada y se había ido a vivir al departamento de mis padres en la ciudad. Así que planeamos irnos un domingo muy temprano para pasar el domingo en familia con mi hermana y su esposo. En los preparativos del sábado, Noé se sumó y aprovecharía nuestra ida para irse con nosotros y llevarse algunas de sus camisas pintadas a mano, así que salimos muy temprano el domingo 6 de Septiembre de 1992, de Tlayacapan rumbo a la Ciudad. Apenas saliendo, me puse cómodo y me dormí, acomodado en la parte trasera de nuestro Jetta, medio acostado recargado en la puerta del lado izquierdo. Mi mamá era la piloto y Noé el copiloto. Pasaron muchos kilómetros cuando un carro que pasó por mi ventana me despertó. Me incorporé en medio de los asientos para preguntar por dónde ibamos, me di cuenta que estábamos pasando cerca del panteón en dónde estaba mi papá enterrado, veo la desviación del camino hacia el cementerio y fijo mis ojos de nueva cuenta en la carretera. Algo estábamos platicando o seguramente yo iba preguntando algo cuando veo de frente un carro gris que venía derrapando, recuerdo que vi humo saliendo de sus llantas, no se a qué velocidad podría haber venido pero seguro iba muy rápido y venía directo hacia nosotros. No supe más, ni siquiera escuché el impacto ni fui testigo de nada más. Negro, vi todo negro. No sentí nada, no escuchaba nada, no tenía calor ni frío ni sentí dolor, sin embargo de alguna forma recuerdo cómo si estuviera esperando, observando a ver si pasaba algo. Perdí la noción del tiempo, pude estar pocos o muchos minutos así, cuando de pronto… un punto. Una luz en la negrura se hacía más grande. POco a poco iba recobrando la consciencia, primero, algo de sonido. Conscientemente abro los ojos, completamente aturdido examino mi alrededor. Se escucha cómo si algo se quemara. Dirijo mis ojos hacía el sonido. Humo a mi lado derecho, volteo la cabeza y veo el mismo vehículo que nos impactó quemándose. Flamas por todo el carro. No me puedo mover, no supe que pensar, no sentía mucho tampoco. Más consciente de mi cuerpo, frío, tenía frío pero siento mi mejilla muy caliente. Me toco con la mano y veo que estoy sangrando, recorro con mis dedos el camino de la sangre y me doy cuenta que viene de mi oreja. Siento un pedazo de oreja fuera de su lugar y cómo si estuviera colgando. De pronto, siento una mano que acaricia mi cabeza y me conforta. Me tranquiliza bastante, busco una cara y veo que es una señora pero no es mi mamá. Me dice que esté tranquilo que estoy bien, que ya iban a venir por mi. Veo a mi lado izquierdo el chasis de un carro, era nuestro Jetta volteado. Me intento incorporar pero justo en ese momento empiezo a sentir, me duelen las extremidades, dolor punzante en mis dos piernas, no las quiero mover. Supe que tenía por lo menos mis piernas rotas. Siento que me hundo en un vacío pero dejo de sentir dolor. Otra vez todo negro, supongo que me desmayé. No supe cuánto tiempo estuve tirado en el asfalto de la carretera ni quien fué la señora que me consoló, pero me desperté de nueva cuenta cuando llegó la ambulancia. Escuchaba voces en la lejanía, apenas estaba consciente cuando uno de los rescatistas, dirigiendo la maniobra, dice que tengan mucho cuidado cuando me levanten porque no sabían si tenía mis columna vertebral rota y tenían que manejarme con mucho cuidado. Mi consciencia se bloqueaba por momentos, no pude estar medianamente consciente otra vez hasta que estuve dentro de la ambulancia camino al Hospital y veo una cara familiar. Mi hermano Alejandro estaba dentro de la ambulancia conmigo. Quise llorar de la felicidad. No me dejaban dormir, me preguntaban cosas, intentaban hacerme bromas, preguntarme por alguna chica que me gustara de la secundaria, de mis amigos, que cómo me sentía que ya casi llegábamos. Yo tenía mucho sueño, eso es lo que más recuerdo y realmente me costó mucho esfuerzo no dormirme. Al llegar al hospital sentí que pasó todo muy rápido. Me ingresaron en el Hospital Mocel y no se a dónde me llevaron pero parecía un cuarto. Me cortaron la ropa con unas tijeras grandes pero de punta redonda. Recuerdo que les pedí que llamaran al doctor Holzschneider quien era un ortopedista amigo de mi papá y a quién yo conocía. Me dijeron que ya habían hablado con él y que en breve llegaría un ortopedista. No recuerdo haber visto al doctor antes de que me ingresaran a rayos X. Allí me estaba esperando el doctor y recuerdo que junto con el laboratorista me pedían que me acomodara con mucho cuidado en ciertas posiciones. El dolor en cada posición que asumía para la toma de las placas, era insoportable, uno de los más intensos que hasta el día de hoy he experimentado. Me preguntaban por mis dolores, que mantuviera ciertas posiciones para que ellos pudieran meter la película en la posición deseada y así pasaron varios minutos tomándome todos los rayos x posibles para poder analizar bien la situación. Algo que seguramente me dieron, empezó a hacer su efecto y el dolor se pasó poco a poco, aunque me dió mucho frío y sueño. No recuerdo mucho más, pero se que el doctor se reunió con alguien de mi familia para explicarles el diagnóstico y la cirujía que vendría. Me metieron a quirófano por muchas horas (creo que fueron cerca de ocho horas) y desperté en Cuidados Intensivos y vi a mi hermana a mi lado. Eso me consoló mucho. Verla a mi lado, tomándome la mano me hizo sentir que todo estaría bien. Vi que era de noche y se me hizo eterna, tenía muchísimo dolor por todo el cuerpo. Mi hermana no encontraba la forma de ayudarme y creo que ha de haber visto mi dolor. No se podía estar tranquila, llamó a la enfermera quién nos dijo que podían darme otra dósis de morfina o esperar, yo no quise más medicina y aguanté. Lo que pudieron haber sido un par de horas, se me hicieron eternas y dolorosas pero amaneció y el dolor cedió lo suficiente para que pudiera caer dormido. No se cuántas horas estuve en cuidados intensivos pero creo que no fueron muchas horas. Según yo para la segunda noche la pasé en mi habitación y empezaron las visitas. Mis hermanos se tomaron turnos para visitarme, creo que nunca estuve solo, entre amigos y mis hermanos estuvieron allí en todo momento. Pregunté por mi mamá para saber cómo estaba y me decían que estaba en otro hospital. En ese momento supe que algo no estaba bien. Para el día martes o miércoles llegaron algunos de mis compañeros de la secundaria a visitarme, obviamente Tina fue la organizadora, quién a partir de ese momento se convirtió en mi mamá aunque yo todavía no lo sabía. Pero así fué cómo tuve la buena suerte de sobrevivir un accidente automovilístico catastrófico del cuál, sólo yo lo puedo contar. Desafortunadamente me quedé sin mi mamá y sin un amigo en un abrir y cerrar de ojos y así se cumplieron varias cosas: el vaticinio fatal de mi madre, el significado numerológico del trece y una nueva fecha para festejar mi cumpleaños. También hasta el día anterior a la muerte de mi madre, la conexión entre mi consciencia y el mundo espiritual la percibía yo cómo verdadera sin ser un dogma de fe, pero sabía que existía ese mundo y viendo en retrospectiva los eventos, sucesos y mi forma de haber abordado las situaciones que vendrían en mi vida a partir de ese punto, hoy me doy cuenta que ese día, el día en que mi madre murió, yo también enterré esa conexión con el mundo espiritual.