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Ernestina y la bruja

Ernestina se llamaba la mamá de una amiga de la primaria. Ellos venían como muchas familias asentadas en Cocoyoc y las que sus hijos atendían la escuela, de la Ciudad de México. Era muy común que las familias se establecían en el mismo fraccionamiento en dónde se econtraba la escuela, o bien en los poblados de alrededor. Incluso había familias que traían a sus hijos desde Cuautla o Yautepec a esta escuela, aunque yo siempre fuí el único que venía desde Tlayacapan. Los padres de familia se buscaron la vida o ya tenían una vida allí pero muchos otros padres cómo lo había hecho mi padre, trabajaban entre semana en la Ciudad de México y sus familias vivían en éstos poblados del Estado de Morelos. Desde que Ernestina llegó a la escuela, se convirtió en una vocal del grupo y no pasó mucho tiempo antes de que todos los niños del sexto grado de primaria, la conociéramos. Siempre se inventaba actividades para nosotros. En ese momento, tenía una camioneta Suburban azul marino en dónde fácilmente cabíamos 10 niños o más. En ese entonces, no era ilegal ir sin cinturón de seguridad, así que nos apilábamos unos contra otros en toda la camioneta y Ernestina nos llevaba al parque, a las maquinitas (o chispas), al cine o a jugar bolos, sea cual fuere el plan. Se convirtió en la segunda madre de todo el grupo de sexto y construyó rápidamente tantas memorias en nosotros, que yo creo que no podríamos entender la escuela de la misma forma que cómo la entendemos, sin Ernestina o “Tina”, cómo todos le decíamos.

Nos graduamos de sexto con una pequeña celebración en el trapiche de una Ex-Hacienda, disfrutamos el verano y el tiempo se encargó de que durante los primeros meses de la secundaria, mi madre conociera a Tina. Sucedió que durante el primer año de secundaria, me enamoré platónicamente de la nueva profesora de Inglés de la secundaria y entre broma y broma, le hice un poema o canción y algunos de mis amigos cercanos se enteraron y me hacían la broma de cantarla cuando me veían, pero se nos pegó y terminamos cantándola en broma por los pasillos y patios de la escuela. Se aproximaba un concurso de musica y “playback” para los alumnos de la secundaria y mis amigos y yo decidimos inscribirnos con ésta canción, claro había que hacerle algunos arreglos y demás pero se nos hizo fácil inscribirnos. Lo primero que nos dimos cuenta es que nos faltaban mujeres en el trío aparte que ninguno sabía tocar bien, ni la puerta, así que nos esperaban algunos tropezones pero nada que no pudiéramos resolver. El primer problema a resolver era reclutar a algunas chicas para nuestra banda. Se nos dificultaba un poco porque no eramos exactamente los más populares, pero afortunadamente le dijimos a tres, probablemente con las que mejor nos llevábamos que si se nos unían y para nuestra sorpresa, así fué. Ya resuelto ese problema, resolvimos también otro que no habiamos contemplado y era el lugar para los ensayos y su logística asociada. Pero Tina siendo la mamá de una de nuestras integrantes, rápidamente nos ayudó con la logística y el lugar para que ensayáramos. Así nos pasamos varias tardes ensayando para el show musical, aunque más nos la pasábamos nadando y comiendo en la piscina de Tina que otra cosa. Fue así que para una de nuestras últimos ensayos, mi madre ya no me había dado permiso por alguna razón y pues eso no podía suceder, así que a la salida del colegio, Tina la estuvo cazando hasta que veloz cómo un halcón, atrapó a mi madre y la convenció para que me dejara no sólo ensayar, si no que después del show, haríamos un camping en el bosque cerca de la poza azul y así fué cómo Tina conoció a la bruja.