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Ernestina y el destino

No se cómo se enteró Tina de lo sucedido, pero ella siendo un ángel puesto en la tierra, contactó a mi hermano mayor no sólo para ofrecerle su ayuda, si no para pedir mi tutela legal. Mi hermano mayor le agradeció pero no era necesario, pues yo tenía familia y él fungiría cómo mi tutor. Habiendo aclarado la situación legal, Tina estaba decidida a que yo sería su hijo, legal o no legal, así que a partir de ese día Tina me consideró su hijo. Y en eso me convertiría para ella y ella en una madre para mi. Me dieron de alta un viernes, así que estuve sólo cinco días en el hospital. Mi hermano mayor acondicionó un cuarto en su casa de la ciudad de México para mi y me acogió. Empezó la recuperación y la rehabilitación. Resulta que el accidente me dejó con las extremidades rotas y una fisura de cuello. Hoy decimos a manera de broma que la cuenta del hospital cuando la reclamó mi hermano al seguro para reembolso, parecía más una cuenta de ferretería: clavos, pernos y tornillos! Los primeros días fueron duros porque con todos los cortes que tuvieron que hacer para la(s) cirujía(s), era muy incómodo y había que tener cuidado al bañarme con posibles infecciones, seguía tomando medicamentos, no me valía por mi mismo ni para ir al baño y fueron días que sinceramente no dsifruté para nada. Pero poco a poco gané movilidad y cierta independencia. Los brazos se recuperaron muy rápido al igual que la pierna izquierda. A esa edad todavía somos cómo de hule y nada nos pasa. Así que aparte de la pierna derecha, todo iba de maravilla. No es que la pierna derecha estuviera mal, simplemente que fue una muy complicada operación que incluía una placa y siete tornillos y era de esperar que el tiempo de recuperación fuera mayor. Mi hermano tambien me procuró una señora que me ayudara con clases para no atrasarme tanto y mi cuñado, el esposo de mi hermana, me consiguió una consola de videojuegos “Sega” para que no me aburriera, así que los días que tuve que estar en cama no se me hicieron tan pesados. Tampoco fueron tantos días, pues mis hermanos y mi cuñado se encargaron de hacer que me moviera y de motivarme a hacerlo. Ya para mediados de Octubre regresé a la secundaria, no a la de mi pueblo, si no a una en la ciudad de México que mi hermano consiguió que me aceptaran. Así literalmente de la noche a la mañana, mi vida cómo la conocía, cambió por completo, pasó de ser la de un niño creciendo en un rancho en un pueblito a la de un niño citadino en muletas.
Ya mas o menos recuperado, procuraba pasarme los fines de semana en casa de Tina en Cocoyoc. Así mantuve contacto con mis amigos de la secundaria y de alguna forma con mi pasado. Saliendo de la escuela los viernes, buscaba quién iba a Morelos para irme con quién fuera. Muchas veces nosotros ibamos pues la familia de la esposa de mi hermano tenía una casa de fin de semana no muy lejos del fraccionamiento en dónde vivía Tina. Buscaba de cualquier forma ir a pasar el fin de semana por allá. Si no podía llegar desde el viernes, el sabado antes del mediodía estaba en casa de Tina. Hasta me hizo un cuarto con mi baño para cuando yo fuera. Fuimos a escoger algunos muebles y la verdad es que tanto ella como su esposo me trataron cómo un miembro más de su familia. La convivencia se hizo más estrecha y para ella yo fui su hijo. Me costó algo de tiempo pero yo también le dije mamá. Tina estuvo allí para mi en todo momento. En mi segunda y tercera cirujías. En mis fiestas de cumpleaños. Me llevo a conciertos de música, obras de teatro y espectáculos. Estuvo allí en mi graduación de secundaria. Cuando me fuí a la militar. Cuando regresé. Cuando me fuí a vivir a Costa Rica. Cuando me gradué de la Universidad. Cuando regresé. Durante las crisis de mi familia. Cuando me casé y cuando iba a tener a mi primer hija. Aparte de mis hermanos y posteriormente María, fue la única persona que estuvo allí, como una mamá y una amiga y con ella yo podía ser simplemente yo. Me quería gordo, flaco, con pelo o cuando me rapé. hasta el día de hoy, ella está aquí. Pero a veces, un pregunta se asomaba curiosa por mi mente, coqueteaba con salir en mis miles de conversaciones con ella, hasta que finalmente la pregunta se respondió. ¿Por qué? ¿Porqué Tina me había adoptado? si bien no legalmente, si lo hizo en todos los demás aspectos. ¿Porqué sintió tanto amor para conmigo? Aparte de que ella era así y su corazón tenía tanto amor para dar, me contó algo que a ella siempre le impresionó y fué una visita que mi mamá le hizo pocos días antes del accidente. Resulta que mi mamá se quedó de ver con Tina, no se si en casa de Tina o en un café cercano, pero se reunieron. Platicaron buen tiempo y mi mamá, habrá sopesado sus opciones y decidió hacerle una petición. Hasta ese momento ellas no se había visto más de un par de veces. No eran amigas ni convivieron más allá de los saludos entre padres de familia. Pero algo impulsó a mi mamá para hacerle esta pregunta o más bien, una petición. Le pidió que me cuidara, que si algo le pasaba a ella, le pidió que le prometiera que ella sería mi guardiana. “Si” dijo Tina. Todavía no terminaba mi mamá de decir nada más. Tina no preguntó nada más ni por qué ni cómo, ni nada, simplemente le dijo “Si” a mi mamá. Mi madre respiró, suspiró descansada y le dijo que sabía que esa iba a ser su respuesta y que justo por esa razón, confiaba en ella a su hijo. Se abrazaron y poco más de dijeron. Pero esa conversación tuvo que haber sido desgarradora pero sanadora. ¿Qué par de mujeres (prácticamente desconocidas) se pueden sentar a tomar un café y así, casual, tener un diálogo similar? Si hoy en día pudiera cumplir un deseo, sería sentarme a platicar con las dos juntas una última vez. Sería increíble!
Pero las personas no son para siempre, cómo ya lo había aprendido y Tina tampoco lo fue. Un cáncer se la llevó un par de meses antes de poder presentarle a su nieta. Pero tuve la suerte de poder decirle mamá, de disfrutarla mucho, de poder darle muchas alegrías y de estar con ella hasta su último aliento. Ella se encargó de que yo me sintiera amado, tal vez esa fue la encomienda y ese era el super poder de Tina. Dar amor. ¿De cuántas personas con las que nos cruzamos en nuestras vidas, podemos realmente decir eso?